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Hoy me introduje en el algoritmo de la “revolución bonita”.

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Hoy me introduje en el algoritmo de la “revolución bonita”.

Hoy me introduje en el algoritmo de la “revolución bonita”.

Hoy me introduje en el algoritmo de la “revolución bonita”.

Un algoritmo se hace a partir de condiciones que la máquina ejecuta al pie de la letra para arrojar resultados.

Me fui al añorado Plan Suárez (por aquello de que se convirtió en no sé qué por la llegada de los bachaqueros) a las 2pm de la tarde, esa fue mi primera condición, aprovechar una hora no pico y mi segunda condición, lo diré por primera vez: hoy me tocaba, hoy es mi día para optar por mi ración de alimento y productos de higiene.

El carrito de mercado preferido por mi siempre han sido los pequeños porque le saco ventaja a la cantidad de doñas que pasean parsimoniosamente por los pasillos. Con él voy mas rápido y me cabe un mercado de una semana casi justo… bueno, ya empieza a verse holgado y las doñas empezaron a usarlos porque el carrito grande no se puede llenar.

Ya sabía que por ser “mi día” tenía opción a “mi combo” cuando llegara a la caja. Tercera condición: si te toca, aprovecha.

Llegar a la caja es retarse con el contador electrónico, debía superar la cantidad de Bs. 100 mil para poder optar por mi combo, si no, no. Cuarta condición: adopta la condición para sobrevivir.

¡Plin! Pasé los 100 mil y dele, porque de la semana pasada para esta toda la base de datos de precios se ha multiplicado por lo que arroja el algoritmo de DolarToday, algoritmo mañoso que no baja los precios cuando su dólar baja. Quinta condición: lleva el doble.

La chica de caja, obedeciendo al algoritmo de la dictadura me pregunta ¿Va a llevar el combo? A lo que respondo: Si. ¿Qué trae? Ella me dice: 4 arroz, 4 harina pan, 6 pasta dental, 8 rollos de papel y 4 harina todo uso, todo por Bs. 20 mil y pico. Sexta condición: enter con ese combo.

Chas, chas, chas… pagué y me dirijo a la salida sin mi combo, mi combo debo retirarlo casi clandestinamente por la calle, por una puertica por allá. Me hizo el favor el chamo que lleva las bolsas y al entregármelo me dijo sonriendo: Ese combo esta muy bueno, esta resuelto. Séptima condición: enfrentarse con un algoritmo humano al que le llaman el “nuevo hombre”.

Mi algoritmo mental no sabía si arrojar los resultados de la Venezuela de antes y explicarle a él que nada es bueno ni mucho menos resuelto en este país de ahora, nada. Quería extender un cable desde mis recuerdos para instalarle a él, a ese joven, que nunca vió como Venezuela toda era un gran combo, un combo surtido, un combo próspero, un combo asequible, un combo valorado, un combo incondicional, un combo de oportunidades, un combo de gente pero de gente de verdad, sin condiciones programáticas instaladas por nadie. Que éramos algoritmos condicionados por la educación, la aspiración, el amor y el trabajo.

Sentí ganas de proyectarle en una película lo que, probablemente, para él, sea una ficción: la República de Venezuela, sin bolivariana.

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